Desde chicos nos enseñaron que el maestro es aquel que nos enseña.
Cuando mas grandes, se amplía el concepto y le endilgamos la maestría a quien ejecuta alguna acción de manera vistosa o grandilocuentemente, o bien utilizamos el término para referirnos a un desconocido para hacerle alguna pregunta. Pero nunca consideramos el valor intrínseco de la palabra .
Uno, a través de los años, va teniendo distintos maestros y hasta confundimos la terminología por un exceso de cariño hacia la persona; endiosamos a quien nos enseña, ya sea porque es mas grande, ya porque sabe mas o simplemente lo hacemos por una necesidad psicológica oculta de tomar un referente paternal que escuche los llamados y/o reclamos de nuestro inconsciente. En forma análoga, tomamos el término maestra a quien nos educa desde la perspectiva maternal, y tomamos la acepción básicamente desde lo afectivo. Todos nos acordamos con cariño y nostalgia de nuestra primera maestra, pero no nos acordamos de lo que nos enseñó en ese momento.
Y después, está la imagen del Maestro oriental, un ser anciano de mucha sabiduría, un ser paciente que enseña con el ejemplo y la virtud, un ser capaz de realizar hasta lo imposible con el uso del tiempo y las palabras, alguien en quien vemos al Otro superior, alguien en quien quisiéramos transformarnos cuando lleguemos a viejos.
Sobre esta ultima imagen es en donde quiero detenerme para hacer mis reflexiones. Todas las artes marciales tienen su Gran Maestro, que por lo general es el fundador del estilo, y también las religiones lo tienen. cura, rabino, pai, sri, swami, Cristo, Mahoma, Moisés, Buda, nombres y denominaciones de una misma cosa, la devoción hacia la grandeza de unos pocos que modificaron algo y se perpetuaron a través de los tiempos.
Sensei, Sifú, Sasonnim, Kano, Ueshiba, Funakoshi, Choi Hong Hi, también son nombres y denominaciones de la grandeza del Hombre por haber aportado algo a la Humanidad.
Es por eso, que específicamente, quiero reflexionar sobre un nombre y una denominación: Sasonnim Choi Hong Hi: El Gran Maestro del Taekwon-do, su mentor intelectual, su fundador, su Padre, un poco el padre de todos los que practicamos esta disciplina. Sus enseñanzas quedaron plasmadas en sus enciclopedias, en sus cursos, en sus alumnos directos y en nosotros los que aprendimos de ellos. Sus verdades, sus cinco preceptos reguladores de una disciplina que va mas allá de lo físico, quedan para la Humanidad como guía y ayuda para mejorar nuestra calidad de vida y la de los que nos rodean.
Cortesía, Integridad, Perseverancia, Autocontrol y Espíritu Indomable son luceros en la noche, perlas inapreciables en este mar social convulsionado, referentes mas que válidos para reconstruir el tejido social dañado por la masificación. El General nos dejó su vida y su ejemplo, sus sueños y sus realidades.
Hay muchos practicantes de Taekwondo en el mundo, muchos maestros enseñando, muchas asociaciones y federaciones y muchas formas de asimilarlo, pero el origen es el mismo ya que la palabra del Gran Maestro es una. Sepamos elegir a nuestro Maestro tomando como base al Gran Maestro, busquemos nuestro Maestro sobre la base que él nos dejó: Cortesía, Integridad, Perseverancia, Autocontrol y Espíritu Indómito. Si encontramos a alguien que cumpla con estos requisitos sigámoslo que no nos va a defraudar, y paralelamente aprendamos nosotros mismos y mejoremos día a día, para ser el Maestro de otros y así no defraudar a los que nos siguen.
Por eso y un poco en nombre de todos los practicantes de Taekwondo del mundo quiero agradecer a mi Gran Maestro con un MUCHAS GRACIAS bien grande por todo lo que nos dio y deseo que algún día aprendamos a pisar la baldosa en común y no la que nos separa para forjar realmente y desde adentro un Taekwondo, una sociedad y un mundo mejor para todos.
Autor: Rodolfo S. Samara
Gentileza Maestro Jorge Rogers
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