Si bien se podría decir que la capacitación con el Maestro Gaje comienza desde la primera charla con él, el aspecto puramente físico y técnico del entrenamiento en Filipinas comenzó en su casa de Bacolod y continuó en la isla de Mindoro, donde el Maestro Gaje junto con su grupo de instructores de Manila y el Maestro Timothy Waid de EEUU, organizaron un campo de entrenamiento y de promoción de Instructores.
Luego de tomar un barco en el puerto de Batangas, ciudad de donde es original el famoso cuchillo Balisong, cruzamos a la isla de Mindoro, desembarcando en la zona conocida como Puerto Galera, llamada así por la gran cantidad de embarcaciones españolas que en el pasado encallaron en sus costas. Es en las playas de esta hermosa bahía en donde se desarrollaría el campo de entrenamiento.
La dureza y alta exigencia en los métodos de entrenamiento son características que distinguen claramente a este sistema que sigue fiel a sus raíces indígenas. Todo el entrenamiento se desarrolló al aire libre, la conexión del Kali con la naturaleza y el aprovechamiento de las condiciones del terreno para desarrollar determinadas habilidades es parte integral del Pekiti Tirsia como sistema tradicional y es uno de los aspectos más notables a tener en cuenta.
Cada jornada comenzaba a las 5 de la mañana, generalmente con ejercicios de respiración originales de este sistema para iniciar luego el calentamiento con técnicas de Sibat Malayo (bastón largo) o con doble bastón. Estas agotadoras e intensas jornadas que finalizaban al caer el sol, estuvieron enfocadas a comprender en profundidad los principios que forman la columna vertebral del sistema, el objetivo aquí y en el aprendizaje del Pekiti Tirsia en general no es coleccionar técnicas y ejercicios, sino comprender los principios, desarrollando habilidades y entendiendo la mecánica de los movimientos que nos permitan ser capaces de enfrentar con soltura y efectividad un combate real.
Cada uno de estos principios básicos los vimos aplicados en distintas áreas, desde el mencionado Sibat Malayo, hasta la utilización de dos cuchillos, pasando por el duro entrenamiento del Dumpag, subsistema de manos vacías desarrollado a partir de los movimientos del cuchillo y que integra las acciones del Pangamut y del Dumog en una explosiva síntesis. El entrenamiento en Dumog no solo incluía el trabajo técnico sino ejercicios específicos de acondicionamiento físico, por un lado fortalecimiento de piernas para lograr las explosivas entradas en la zona baja del adversario que son características de esta disciplina, y además el acondicionamiento y endurecimiento de rodillas y codos, utilizando en muchas ocasiones la arena como complemento principal para este trabajo.
Apenas llegamos a Puerto Galera el Maestro Gaje nos presentó a Gervasio Manunsong, un habitante de la zona que practica y enseña su propio estilo de Kali.
Además de poder apreciar los aspectos técnicos de su estilo, que está transmitiendo a su hijo y nieto, el maestro Gervasio me sorprendió con un manejo muy fluido del español y además con su inesperado conocimiento sobre Argentina, el maestro había trabajado durante años como marino mercante y en reiteradas ocasiones estuvo en Buenos Aires. Quedamos en muy buena relación y con la idea de continuar el entrenamiento en su estilo en mi próxima visita.
Calidad vs. Cantidad
Esta primera experiencia en Filipinas finalizó con la graduación en Manila de los que habíamos "sobrevivido" al curso. Graduarse como instructor de un sistema con la trayectoria del Pekiti Tirsia significa mucho, pero hacerlo en Filipinas y recibir este reconocimiento de manos del mismo Maestro Leo Gaje es un orgullo y un honor que espero poder sostener con mi práctica cotidiana.
¿Qué implica este logro en lo personal y qué conclusiones pude extraer de esta experiencia?:
En primer lugar: regreso asumiendo un compromiso con una cultura y un sistema familiar de larga tradición en Filipinas. Por lo tanto permitirme difundir, enseñar y utilizar el nombre de esta escuela significa una enorme responsabilidad.
En segundo lugar tener en claro que esto es recién el comienzo y no el final de un largo camino de búsqueda. Creer que por ser el primer argentino graduado en Filipinas en este sistema estoy habilitado para hacer lo que me venga en gana sería traicionar el compromiso que adquirí y la enorme cuota de confianza que han depositado en mí y en mis compañeros. Por eso ahora la exigencia para mantener y avanzar en la excelencia técnica es más alta que nunca.
En tercer lugar, la experiencia de entrenar mano a mano con maestros de la talla de Leo Gaje, e inclusive con los instructores que conocí de EEUU o Europa me ayuda mucho a no perder de vista todo lo que hay para corregir, mejorar y avanzar en mi entrenamiento cotidiano, vino muy bien para no perder el norte de seguir aprendiendo y capacitándome siempre, manteniendo la mentalidad de alumno. Sin desmerecer lo que se ha logrado hasta ahora, esta experiencia ayudó para ubicarme dónde realmente estoy parado y para intentar alejarme cada vez más de la soberbia que lamentablemente en el mundo de las artes marciales vemos a cada minuto.
En cuarto lugar, pensar y actuar buscando la calidad y no solo la cantidad: lamentablemente en nuestro país (y en general en la sociedad moderna occidental), el valor o la importancia de una escuela se define por la cantidad de alumnos y no por la calidad y profundidad del entrenamiento y enseñanza. La mentalidad impuesta por el consumismo desesperado se traduce en nuestro medio en aquéllos que necesitan tener su cinturón negro o su certificado cuanto antes para poder mantener de esa manera tranquilo su ego. Por otro lado pretenden que su dinero valga, que su "inversión" obtenga una "ganancia" a corto plazo. Entendiendo esta disciplina más como un negocio que como una búsqueda y un camino de expresión y de liberación. Olvidándose que los resultados verdaderos se ven después de un intenso esfuerzo y de mucha paciencia.
A partir de lo que aquí planteo no propongo que nos convirtamos en fanáticos ciegos de un sistema o maestro, el espíritu crítico y la autonomía de pensamiento son esenciales en mi forma de ver la vida y también de entender el entrenamiento, pero esto no significa hacer las cosas de cualquier manera, improvisando para esconder la ignorancia y subestimando a la gente, todo lo contrario, significa trabajar seriamente, con el ritmo necesario para que los resultados de la enseñanza sean de calidad y duraderos, poniendo en el centro del trabajo a la persona y no al signo pesos. Para lograr esto la enseñanza tiene que ser personalizada, que busque profundizar en los aspectos débiles y fuertes de cada practicante, y que sea una herramienta para sacar lo mejor de sí mismo, alejándonos cada vez más de la copia mecánica y sin reflexión, apuntando a que cada practicante desarrolle todas sus potencialidades y crezca como ser humano.
Gentileza: Prof. Nicolás Wachsmann - Pekiti Tirsia Latinoamérica
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