Después de una intensa quincena llena de deportes en Beijing 2008, Claudio Morresi hizo un análisis sobre el desempeño de la delegación argentina.
Federico González - Redacción
Habrá que ponerse en la piel de un político, en este caso del Secretario de Deportes de la Nación, para saber los límites de la objetividad con los que se juega en cada gran acontecimiento de interés público.
Las declaraciones del Sr. Morresi al Diario Clarín hacen estremecer a más de un deportista, principalmente amateur. Porque también habría que ponerse en la piel de un deportista para saber lo que significa un juego olímpico; lo que se trabaja y el esfuerzo que se realiza para llegar a estar en semejante ceremonia.
Esa es la difícil tarea de esta editorial. Tratar de ponernos en esa piel de político y deportista al mismo tiempo, manteniendo la gran distancia entre uno y otro, sin que el formalismo diplomático se mimetice con la piel de cada uno.
Ahora bien, si Beijing 2008 fueron los mejores juegos de una delegación argentina en los últimos 60 años, como así lo refirió el Secretario de Deportes de la Nación, por qué la mayoría de los atletas no pudieron contar con la presencia de sus entrenadores, con los que compartieron largas horas de trabajo en los gimnasios, y tuvieron que mantener un contacto por medio de un teléfono celular o una PC. Si bien estamos atravesando la época del desarrollo de la tecnología comunicacional, se está dando mucha ventaja al empezar unos juegos olímpicos de tal forma. Capaz que en el lenguaje del contexto del funcionario público no figura. Pero hay cosas que por teléfono y por Internet no se pueden decir, los sentimientos.
En exclusiva a Red Marcial Radio, Fernando Yuma, entrenador de Paula Pareto (medalla de bronce en Judo), y Darío Bonfante, entrenador de Vanina Sánchez Berón (única representante del taekwondo argentino), coincidieron en su declaración, “obvio que hubiera sido un sueño haber podido estar en los Juegos pero no es algo que decidamos nosotros”.
Pero lo más triste de esta historia es que nada cambia. Si la idea es fomentar el desarrollo del deporte, por sobre todo el amateur, me pregunto: ¿Por qué en la Casa Rosada, en vez de estar toda la Delegación Argentina que sudó la camiseta en Beijing, están los que consiguieron medallas?
Si el inconveniente es el dinero, el cuál creo que es un punto importante pero no el eje de este paradigma, ¿Por qué no se hace una redistribución de las riquezas de los deportes de elite con los menos poderosos, para fomentar el desarrollo?
Entonces sigo desmarañando las declaraciones de Claudio Morresi y se comprende el compromiso que se asumió hace dos gobiernos, ya se suman más medallas que las obtenidas en toda la historia argentina de los juegos olímpicos (14 preseas). Por eso es entendible que el ojo político se aferre a las estadísticas, a la foto de tapa y las palabras de apoyo (que nunca llega), a ese vaso del poder medio lleno. Pero del dicho al hecho hay años luz de distancia. Esa distancia que hay entre Juan Román Riquelme y Maximiliano Rodríguez (representante argentino de Wushu, deporte de exhibición en Beijing 2008).
La historia nos pone a prueba de nuevo, durante los próximos cuatro años hasta Londres 2012, depende de cada uno de nosotros poder evolucionar.

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