El pasado 25 de agosto el Maestro Miguel Carpinacci partió hacia China, junto a su alumno Sebastián Calvo, para representar a la República Argentina en los 1º SportAccord Combat Games, Beijing 2010.
El largo viaje sirvió de catalizador para la ansiedad que generaba escribir, una vez más, otro capítulo en la historia del Muaythai de nuestro país y el mundo.
Los anfitriones del espectacular evento sentaron precedente y demostraron al Comité Olímpico Internacional que las artes marciales son más de cuatro, número que actualmente comprende esta sección dentro de los juegos olímpicos tradicionales.
Concentraron en una semana inolvidable a más de 5000 competidores provenientes de 116 países de todos los continentes, que dejaron su alma en el certamen celebrando el desarrollo de 13 disciplinas diferentes, entre ellas, el Muaythai.
Este deporte no solamente integró por primera vez un evento bajo el patrocinio oficial del organismo antes mencionado, sino que, dentro del mismo, se destacó por su estilo, originalidad y tradición, nunca hecha a un lado a la hora de la competencia.
Los trajes del antiguo Muay Boran que vistieron los luchadores durante el desfile de apertura, atrajeron todas las miradas y elogios del público presente. El estadio, con capacidad para 65 mil personas, estuvo colmado como pocas veces se ha visto en este tipo de competencias. Durante el transcurso de los combates, la gente estallaba de emoción con cada “O-éh!” gritado a todo gollete por los rincones rojo y azul. Y fuimos nosotros quienes nos emocionamos al recordar a quienes se pusieron de pie para no perderse ni un segundo del ancestral ritual del waikruu: la danza tradicional de homenaje al maestro, a la escuela y los antepasados, que se realiza con el mayor respeto y el más profundo sentimiento, antes de cada contienda.
El Muaythai tuvo incluso su propia fiesta en una Noche Cultural organizada por una de las grandes potencias mundiales: la Federación Rusa invitó a un cocktail de camaradería a todos los oficiales y thai-boxers de cada país, en el que el intercambio deportivo selló amistades y fortaleció los lazos que desde hace tiempo se vienen formando entre la gran familia del Muaythai.
La competencia se desarrolló limpia y fluida, con la participación de atletas de elite, de alto renombre en el mundo del Muaythai, además de quienes son ya leyendas del deporte, como
Yodsaenklai Fairtex, varias veces campeón del mundo y ganador del reallity “The Contender” en su versión asiática. También participó la competidora de origen ruso 6 veces campeona del mundo, Valentina Shevchenco, representando a Perú en esta oportunidad y logrando para ese país la felicidad de la medalla de oro.
Y fue entre estos grandes que Sebastián Calvo subió al ring, decidido pero nervioso, ante la magnitud del evento. Sin embargo, su pelea fue intensa y pareja ante el representante de Uzbekistan, ex Unión Soviética, quien resultara campeón mundial en esa categoría (63,5 kg) en el último mundial disputado en Tailandia, el pasado 2009.
En una pelea de cuatro rounds, el campeón terminó definiéndola por puntos en fallo dividido de 5 jueces. En el momento, el sabor amargo fue inevitable. Pero el balance de toda la experiencia que es altamente positivo, hace que la derrota sea apenas una anécdota en lo grandioso de lo alcanzado.
El hecho de que la bandera celeste y blanca haya flameado en el firmamento oriental, con la responsabilidad y el honor que implican llevar en alto el estandarte, es algo que la comunidad marcial argentina no puede pasar por alto. Las puertas se están abriendo para quienes se van sumando a este hermoso arte milenario, y nuestros guerreros van marcando la huella en el camino. Felicitaciones al equipo argentino y ¡GRACIAS!
Texto: Maestro Miguel Carpinacci
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