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Ultimatum
jueves 13 de agosto de 2009 COLUMNA DE OPINIÓN

"Encontré la esencia de los kata y ahora los amo más"

Se ha publicado la información y experiencia relacionada con mis alumnos, receptores directos del proceso docente; pero en esta oportunidad haré referencia a los efectos que dicho trabajo ha aportado a mi persona.

Autor: Dr. Roberto González Haramboure, Hanshi

El lector que ha tenido la posibilidad de documentarse acerca de las particularidades del estilo Karate Do Haramboure Ryu, fundamentalmente en lo referido a la creación libre de katas en lugar de la repetición de aquellas estandarizadas, ha podido constatar que de manera objetiva se han demostrado significativos beneficios no solo en los aspectos psicológicos y técnico-tácticos del kata, sino también en el combate; así como en la vida diaria fuera del contexto deportivo y marcial.

En todos esos materiales se ha publicado la información y experiencia relacionada con mis alumnos, receptores directos del proceso docente; pero en esta oportunidad haré referencia a los efectos que dicho trabajo ha aportado a mi persona, que aún cuando asumo funciones de modelador del proceso también recibo su influencia aunque sea indirecta, y consecuentemente sus beneficios. Antes de referirme a mi interacción con las katas actuales, creo imprescindible abordar brevemente mis antecedentes al respecto, y que por contraste la información sea más completa.

Como todo karateka de la vieja escuela cubana comencé la práctica a través del Joshinmon, estilo generalizado a nivel nacional y con el cual alcancé mi cinturón negro. Tiempo más tarde tuve la oportunidad de presenciar un seminario de Shito Ryu, y por la fluidez de los movimientos de ese estilo me decidí a incursionar su práctica. Ese estilo se diseñó mediante al unión del trabajo de los maestros Higaonna e Itosu, y durante el período que estuve practicándolo siempre realicé con mayor agrado aquellos kata pertenecientes a la línea de Higaonna. Es por ello que posteriormente, cuando tuve la oportunidad de conocer el estilo Goju Ryu, perteneciente a Higaonna, no dudé en comenzar su práctica. En ese momento, luego de varios cambios de estilo y los inconvenientes pasajeros que ello implica, pensé que finalmente había encontrado el trabajo exacto para mí. ¡Cuán equivocado estaba! Me faltaba un cambio más, pero en ese entonces no lo sabía, ya que la vida me lo iría demostrando progresivamente hasta convencerme años más tarde. ¡Por suerte!

Al terminar mi carrera deportiva, y comenzar a desempeñarme como docente, asumí la responsabilidad de Director Técnico primero de la Selección Juvenil y luego del Equipo de la Universidad de La Habana. En ambos casos, debido a que recibía atletas de todos los estilos enseñados en el país, tuve que aprenderme aquellos kata pertenecientes al Shotokan, Wado ryu  y otros. Hasta ese momento, durante los años y danes que ha costado mi carrera deportiva y docente, la sumatoria de los kata de cada uno de los estilos con los cuales interactué de un modo u otro, fácilmente puede llegar a 200, o incluso superar esa cifra.

Durante todo ese tiempo recuerdo que cuando más disfrutaba un kata no era cuando lo ejecutaba luego de aprenderlo, sino mientras lo aprendía. Era en ese momento que movilizaba todo mi intelecto e interés. Esa realidad, unida al hecho que nunca entendí porqué las katas debían repetirse tal cual de memoria, y mucho menos cómo eso podía ayudar a la creatividad de los combates (que son completamente opuestos a ello), me hicieron pensar en la posible existencia de un estilo sin katas prestablecidas. Obedeciendo ese instinto, en varias oportunidades cuando debía realizar un test pedagógico de los aspectos técnico-tácticos de la preparación de mis atletas de las instituciones antes mencionadas, proponía la creación de un kata partiendo de sus conocimientos y preferencias. Esa idea maduró progresivamente, e integrada a otras decisiones con un sustento multicientífico que trajeron consigo diversas alternativas de cambio, derivó en el Karatedo Haramboure ryu donde al alumno se le trasmiten los movimientos y sus posibilidades de integración entre otros requisitos, y él construye la kata a su manera.

Una imagen vale más que mil palabras, es por ello que en todo proceso docente se prioriza el método demostrativo. Si esa premisa es válida para la enseñanza habitual, lo es más aún a la hora de trasmitir un contenido novedoso. Por ese motivo yo, inconscientemente, tuve que comenzar a realizar katas instantáneamente creadas en las clases y que los alumnos comprendieran lo que de ellos se esperaba.

Una vez que los alumnos comenzaron a realizar sistemáticamente ese trabajo, sus resultados positivos no demoraron en aparecer. Mejoraban sus katas, su combate, su rendimiento académico escolar, su producción intelectual y otros indicadores que ya se han demostrado objetivamente en diversos materiales publicados.

Lo curioso de esta situación es que un día, mientras analizaba las mediciones de los atletas y disfrutaba de los valores obtenidos en eses aspectos, me di cuenta que esos cambios, aunque en menor medida, también estaban operando en mí.

La sistematicidad de mi práctica se ha afectado significativamente desde hace varios años. Ello fue consecuencia primero debido a lesiones acumuladas, luego a la responsabilidad de entrenar atletas de alto rendimiento, y finalmente a otras responsabilidades profesionales que hasta el momento desempeño y que abarcan la capacitación y supervisión de entrenadores, revisión de planes de entrenamiento, investigación y publicación de materiales didácticos y otros. No obstante, siempre que la clase me lo permite, trato de compartir algún trabajo técnico-táctico con mis alumnos. Lógicamente ese trabajo tuvo sus frutos, ya que precisamente en esos momentos que me di cuenta que, desde el punto de vista de las kata, encuentro mucho más fácil la asimilación y realización de combinaciones complejas; desde el punto de vista del combate me salen espontáneamente muchas combinaciones de ataque y defensa que se contraponen con los estereotipos de antaño repetidos hasta la saciedad, lo cual me  trae un mayor éxito en los encuentros. En ese mismo sentido, fuera del contexto deportivo y marcial, ello me ha ayudado a encontrar, tanto en palabra como en acción, mejores respuestas para solucionar exitosamente las situaciones imprevistas a las cuales me enfrento.

Aún cuando la realidad antes contada es innegable, en los momentos que miro atrás en mi vida y recuerdo cuando observaba una magistral ejecución de katas como la Unsu de Shotokan, la Gojushijo de Shito ryu o la Suparimpei de Goju ryu; o cuando actualmente me traiciono y siendo infiel a mis propios preceptos las hago; me es imposible extrañarlas. No obstante, para combatir esa nostalgia, borro esa bella imagen al pensar en el error psico-pedagógico que implica la realización de katas en forma mecánica y automática, y me consuelo al estas convencido que con la nueva forma de trabajo se aporta mucho más al deportista y a la persona, y también se aprecian hermosas ejecuciones producto de la creatividad en aumento.

Al respecto, como en otras oportunidades he declarado, el hecho de que yo esté seguro de mi decisión no significa que sea mi interés motivar a ningún entrenador a romper esquemas y convertirse a mi causa. En su lugar, propongo que dentro de su proceso habitual pruebe esta forma de trabajo, y luego al evaluar sus efectos saque sus propias conclusiones. Yo hace tiempo saqué las mías, y las seguiré defendiendo, hasta tanto la realidad me demuestre lo contrario.

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