Cualquiera sea el estilo que se desarrolle, Iaido, Aiki Ken, Kendo, etc, a la hora de ejecutar movimientos y Katas ante los ojos de un público neófito uno debe de preguntarse lo fundamental: ¿Qué es lo que quiero mostrar? Irremediablemente la siguiente duda que aparece en nuestra cabeza es si el público será capaz de entender, y allí es donde surge el problema.
Realizar una exhibición de formas a manos vacías es totalmente diferente a la hora de ejecutarlas con la ayuda de un arma, sea esta un Jo, un Bo, Tonfa, Nunchacus, Sai, Tambo o Kalis; pero cuando se trata de una Katana, este solo elemento que ingresa a la escena trae consigo implícito un amplísimo significado y contenido para quienes lo practican. Por ello, resulta en ocasiones difícil decidir qué vamos a mostrarle al público.
Cuando esgrimimos la Katana, aquellos que practicamos este Arte nos sentimos profundamente responsables de mostrar y enseñar algo tan respetable y venerable como fue la tradición y filosofía Samurai, pero cómo hacerlo ante gente que no comprende lo que nosotros sentimos y conocemos.
La respuesta la tuve cuando estaba a días de realizar mi primera exhibición. Había preparado junto a mis alumnos excelentes coreografías y seleccionado los mejores y más llamativos Katas, estaba seguro que el público presente iba a aplaudir de pie al ver los suburis y todo el espectáculo que teníamos preparado para ellos. ¡Y fue justo allí cuando me di cuenta!
El Arte del Sable es natural y espontaneo, no está medido ni reglado, está vivo y depende de la situación y estado de quién lo ejecuta. Nunca practiqué Aikiken para otros, siempre lo hice por mí; de modo que decidí que no haríamos nada de lo programado. No habría saltos espectaculares ni cortes asombrosos, no habría gigantescos y elegantes movimientos, sino que simplemente saldríamos a hacer lo que deseábamos hacer. Porque a fin de cuentas eso es IAIDO un Camino, un Sendero, y muy profundamente sabia que de la única manera que el público entendiera la Tradición de la Katana era si lo sentía a través de nosotros y no con los meros y vacios movimientos o con las palabras.
Ese día salimos con mis alumnos al tatami y brindamos una hermosa y sincera demostración del Arte que amamos, el público (tal como lo había imaginado) nos aplaudió de pie, incluso varias personas se levantaron de sus asientos y quisieron practicar algunos movimientos junto a nosotros… Habíamos logrado transmitir algo de lo que amamos.
Ese es mi consejo: para mostrar algo tan puro y que se relaciona tanto con el espíritu como es la práctica con la Katana, deben estar libres y amar lo que están haciendo, las coreografías son lindas pero vacías, de modo que liberen su espíritu y salgan a disfrutar espontáneamente. Espero que este humilde consejo les sirva a todos mis compañeros de la Vía.
Texto: Profesor Fernando A Cartofield, miembro de la Fundación Aikido Argentina.
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