Hija de la escritora Ana María Shua, periodista y artista marcial, Paloma Fabrykant es la única mujer promotora de Artes Marciales Mixtas en nuestro país “Mi causa es sacar este deporte de la sombra y darle el brillo que se merece”.
En la entrevista realizada por la Revista Noticias, Paloma Fabrykant no solo relata sus comienzos en los tatamis, sino que además habla sobre el trabajo que desarrolla como promotora de las MMA, modalidad deportiva que estuvo en el ojo de una tormenta mediática tras la muerte de un practicante.
"Me cuesta entender por qué la gente mira películas, por qué se sienta a mirar la tele. Me cuesta entender por qué no aprende a pelear. Me parece básico y necesario”. Paloma Fabrykant (28) se aleja alevosamente de cualquier corrección política. Es promotora en la Argentina del MMA (Artes Marciales Combinadas), y hace bandera de su causa: quiere limpiar la fama de un deporte muy cuestionado.
Hija de la escritora Ana María Shua y del fotógrafo Silvio Fabrykant, educada en un ambiente intelectual, colgó su carrera de Letras para dedicarse a las artes marciales. Hoy, se entrena en Karate por las mañanas y Jiu Jitsu por las tardes, es redactora en una agencia de marketing político, colabora en varios medios periodísticos y representa a peleadores. Hizo la prensa de Acero Cali, el campeón mundial de Kick Boxing, lee a Gurdjieff y rechaza el mundo de las marcas y el consumo.
¿Por qué eligió las artes marciales?
De chica era bastante gordita, usaba anteojos y fui criada en una familia que ponía los valores intelectuales por sobre el deporte. Era una casa de libros, no de actividad física ni aire libre. Encima estudiaba en el Nacional Buenos Aires, su campo de deportes era horrible, odiaba ir a ese lugar. Y para zafar, me anoté en Judo, que se hacía dentro del colegio. Luego seguí con Aikido.
Y, siguiendo la tradición, se anotó en Letras.
Sí, era una especie de mandato. Pero a principios del 2000 empecé a hacer Taebo y en el mismo gimnasio hacía Kick Boxing. Después probé Karate, que era el arte marcial que me faltaba, y me fasciné.
¿Por qué?
Porque me di cuenta de que se puede aprender fuera de toda experiencia lingüística. En el Karate se aprende a través de las sensaciones del cuerpo, de las posturas, a través del propio cansancio y de la superación de los miedos. Era la antítesis de la educación que había tenido. De hecho, dejé la facultad, sentía que se me pasaba la vida y me seguía instruyendo a partir de la vida intelectual académica, algo que ya dominaba. A mis padres les importaba mucho que yo fuera a la facultad, son de otra generación. Pero lo aceptaron, son muy liberales.
Pero buscó lo opuesto: el arte marcial es disciplina y orden.
Sí, hay una cierta rigidez e importa más la conservación que el progreso. Se relaciona con el entrenamiento militar, con la puntualidad que uno tendría que tener en una situación de guerra, o en la entrega, en una situación de combate real. El arte marcial es el arte de la guerra. Si tu mente no está enfocada en el combate, estás haciendo danza.
Y ahora maneja peleadores de Vale Todo.
Promociono el MMA, que es el Vale Todo en versión reglamentada. Vale Todo son palabras que no hay que usar, porque no vale todo. Es un deporte en el que se pueden usar todas las técnicas de todas las artes marciales, pero no valen cosas que no valen en las artes marciales, ciertas combinaciones de técnicas. Mi causa es sacar este deporte de la sombra y darle el brillo que se merece. Incluso el karate tradicional lo ve muy mal. Pero para el amante y estudioso de las artes marciales, el MMA es bello y muy artístico. Para el que no sabe, es sangre y violencia, le parece un asco.
Este año murió un joven en una lucha.
Fue en un entrenamiento. Se producen muchas más muertes en el esquí y a nadie se le ocurre prohibirlo. Un evento de MMA es el grado máximo de desafío que puede tener un artista marcial. Yo no considero violencia a dos personas mostrando su disciplina, por la que trabajan todos los días. A mí me cuesta entender por qué la gente no aprende a pelear, a defender su cuerpo. Me parece básico y necesario, como aprender a comer y a orinar.
¿Qué dice la madre escritora?
Ya está acostumbrada. El karate le chocaba, pero le parecía más fino. El MMA tiene fama callejera, violenta, pero es un deporte muy pasional, de muchísima entrega, de honor. Soy su promotora para una empresa americana y me pagan en dólares, así que el consejo de mi madre fue: “Muy bien hija, ahora ahorrá”.
¿Se considera rara?
Soy una cruza. Soy rara en cualquier ambiente. Porque soy mina y somos pocas en el Karate. Porque soy promotora del MMA en el país y lo que yo hago no lo hace nadie. No peleo, pero consigo peleas. Y estoy en publicidad, y la gente de publicidad es muy rara.
Fuente: Revista Noticias
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